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Interés simple vs interés compuesto: diferencias con ejemplos

El interés simple y el interés compuesto son las dos formas básicas de calcular cuánto crece (o cuesta) el dinero con el tiempo, y confundirlos sale caro. La diferencia parece sutil —en un caso los intereses se calculan siempre sobre el capital inicial; en el otro, sobre el capital más los intereses acumulados—, pero con los años esa sutileza se convierte en miles de euros de diferencia.

El interés simple aparece en préstamos cortos, pagarés y algunos productos bancarios básicos. El interés compuesto es el motor de las inversiones a largo plazo, los fondos, los planes de pensiones… y también de las deudas de tarjetas de crédito, donde juega en tu contra.

Interés simple: siempre sobre el capital inicial

La fórmula del interés simple es I = C × i × t: el interés (I) es el capital inicial (C) multiplicado por el tipo de interés (i) y por el tiempo (t). Los intereses de cada periodo se calculan siempre sobre el mismo capital inicial; no se reinvierten.

Ejemplo: 10.000 € al 5 % anual durante 10 años generan 500 € cada año; al final has ganado 5.000 € y tu capital es 15.000 €. El crecimiento es lineal, peldaño a peldaño.

El interés simple se usa en operaciones a corto plazo: préstamos entre particulares, descuentos de pagarés, algunos depósitos a menos de un año y multas o recargos. Cuando el plazo es de meses, la diferencia con el compuesto es pequeña y la simplicidad compensa.

Interés compuesto: los intereses generan intereses

La fórmula del interés compuesto es Cf = C × (1 + i)^t: el capital final es el inicial multiplicado por uno más el tipo, elevado al número de periodos. Cada periodo, los intereses se suman al capital y el siguiente periodo genera intereses sobre ese total mayor. Es el famoso «interés sobre intereses».

Mismo ejemplo: 10.000 € al 5 % durante 10 años. El primer año ganas 500 € (capital: 10.500 €); el segundo, el 5 % de 10.500 (525 €); y así sucesivamente. Al final: 10.000 × 1,05^10 = 16.288,95 €, casi un 26 % más que con interés simple.

La diferencia se acelera con el tiempo: a 20 años, 20.000 € frente a 26.532,98 €; a 30 años, 25.000 € frente a 43.219,42 €. Por eso el compuesto es la fuerza más poderosa del ahorro a largo plazo… y la más peligrosa en las deudas.

Comparativa directa con números

Con 10.000 € al 5 %: a 1 año ambos dan 10.500 €; a 5 años, 12.500 € frente a 12.762,82 €; a 10 años, 15.000 € frente a 16.288,95 €; a 20 años, 20.000 € frente a 26.532,98 €. La brecha es pequeña a corto plazo y enorme a largo.

La frecuencia de capitalización también importa: un 5 % capitalizable mensualmente rinde algo más que uno anual, porque los intereses generan intereses cada mes. Es lo que distingue la TAE del tipo nominal.

Moraleja: a igualdad de tipo y plazo, el compuesto siempre iguala o supera al simple, como inversión y como coste de deuda. La pregunta no es cuál rinde más, sino cuál te aplican y a favor de quién.

¿Cuál te conviene? Depende de qué lado estés

Si inviertes, quieres interés compuesto: fondos, planes de pensiones, cuentas con capitalización. Cada año el efecto se acelera. Retirar los intereses para gastarlos lo convierte en simple: a veces es necesario, pero conviene saber lo que cuesta.

Si pides prestado, quieres interés simple… pero casi nunca lo conseguirás: hipotecas, préstamos personales y tarjetas usan sistemas de amortización con efecto compuesto (como el sistema francés). Aquí la defensa es comparar la TAE —que incluye comisiones y frecuencia de capitalización— y no solo el tipo nominal.

Para cálculos rápidos —un recargo, un descuento, un préstamo entre familiares—, la calculadora de porcentajes gratuita (/calculadoras/calculadora-porcentajes/) resuelve el interés simple en segundos. Y si hay impuestos de por medio, la calculadora de IVA (/calculadoras/calculadora-iva/) evita errores caros.

Errores comunes con los intereses

El error clásico es comparar tipos nominales sin mirar la capitalización: un 5 % mensual capitalizable no es lo mismo que un 5 % anual. En deudas, el coste real lo da la TAE, que ya incorpora comisiones y frecuencia.

Otro error es ignorar la inflación: un 5 % nominal con una inflación del 3 % deja un 2 % real. El compuesto impresiona menos descontando el poder adquisitivo, aunque sigue ganando al simple.

Y el más peligroso: el interés compuesto de las tarjetas de crédito. Pagar solo el mínimo mientras los intereses se capitalizan cada mes es la forma más rápida de ver cómo el compuesto trabaja en tu contra. Si tienes deuda revolving, amortizar cuanto antes no es un consejo moral: es matemática.

Herramientas gratuitas mencionadas

Preguntas frecuentes

¿Qué es mejor, interés simple o compuesto?

Como inversor, el compuesto: los intereses generan más intereses y el capital crece acelerado. Como deudor, el simple sería más barato, aunque casi todos los préstamos reales usan lógica compuesta. A corto plazo difieren poco; a largo, muchísimo.

¿Cómo se calcula el interés compuesto paso a paso?

Con la fórmula Cf = C × (1 + i)^t. Por ejemplo, 1.000 € al 4 % anual durante 3 años: 1.000 × 1,04^3 = 1.000 × 1,124864 = 1.124,86 €. Cada año multiplicas el capital acumulado por 1 más el tipo de interés.

¿El interés de mi hipoteca es simple o compuesto?

Las hipotecas usan el sistema de amortización francés, con lógica de interés compuesto: cada cuota paga primero los intereses del capital pendiente y el resto amortiza capital. Por eso al principio de la hipoteca casi toda la cuota son intereses y al final casi todo es amortización.

En resumen

El simple es lineal; el compuesto, exponencial y demoledor en ambas direcciones con el tiempo. Elige ahorro que capitalice, huye de deudas que capitalicen en tu contra y compara siempre la TAE. Haz los números y deja que el tiempo trabaje para ti, no contra ti.

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